Cuentos Infantiles Para chicos

Pedro y el lobo

El cuento de pedro y el lobo un clásico de los cuentos infantiles

El cuento de pedro y el lobo, también conocido como el cuento del pastorcito mentiroso, o la fábula del pastor mentiroso es un bonito cuento que puedes leerle a tus hijos antes de dormir ya que les deja una valiosa lección sobre la mentira. También les enseña a no jugar con la paciencia de las personas ya que en las verdaderas situaciones de riesgo necesitaremos que nos ayuden y si somos bromistas y la gente no confía en nosotros no nos creerán cuando de verdad sea necesario.

Con este cuento para niños puedes pasar un momento ameno y divertido con tus peques antes de ir a la cama. Así compartirás con tus hijos de las moralejas y lecciones que dejan estas populares fabulas infantiles que van de generación en generación. Tomate un tiempo de relax, mete a tus hijos bajo las sabanas y empieza a leerles este hermoso cuento infantil.

El cuento de Pedro y el lobo

Había una vez un pequeño pastorcito que se pasaba la mayor parte de su tiempo paseando y cuidando de sus ovejas en el campo. Se llamaba Pedro, y le decían Pedrito, el pastorcito.

Todos los días hacia lo mismo, muy tempranito a la mañana, juntaba las ovejas y salía a pasear por el campo con su rebaño. Ese era todo su trabajo, y así pasaba el día, cuidando de las ovejas. Era un trabajo muy sencillo, y al rato acababa por aburrirse, entonces descansaba debajo de un árbol, cantaba o se inventaba juegos para entretenerse y para pasar el rato.

Un día en el que ya estaba muy, pero muy aburrido pensó distintos juegos, pero seguía muy aburrido. Al final se le ocurrió que le haría una broma a los vecinos del pueblo, así que empezó a gritar:

“¡Ayuda! ¡El lobo!, ¡El lobo!, ¡Socorro! ¡Viene el lobo!”.

En el pueblo todos le tenían miedo al lobo. Así que cuando los vecinos escucharon los gritos de Pedrito, les dio miedo. Sin embargo, muchas otras personas corrieron a ayudarle. Cuando llegaron encontraron a Pedrito riéndose a carcajadas por el suelo, mientras se burlaba de ellos:

¡Se asustaron! ¡Que se lo han creído! jajaja, ¡La cara de susto que tienen! jajaja.

La broma les cayó muy mal a los vecinos, y volvieron al pueblo muy, pero muy enojados porque pensaban que ellos se habían preocupado por él y en realidad él se había burlado de ellos. Otros pensaron: “es solo un niño aburrido”.

Fue así que al día siguiente, cuando Pedro estaba terminando de trabajar, se acordó de la broma del día anterior y se rió. Entonces, se le ocurrió hacer la misma broma otra vez, así que esta vez grito pero más fuerte:

¡Ayuda! ¡El lobo!, ¡el lobo!, ¡Socorro! ¡Que viene el lobo!”.

Esta vez, algunos de los vecinos que estaban muy enojados ya no fueron a ayudarle, pero otros pensaron que quizás esta vez el pequeño pastor necesitaba ayuda de verdad. La sorpresa de los vecinos que lo fueron a ayudar. Cuando llegaron, vieron la misma situación, Pedro se reía a carcajadas burlándose de ellos:

“¡Los engañe de nuevo, jajaja! ¡Que tontos que son! jajaja”.

Entonces, los vecinos que corrieron a ayudarlo volvieron a sus casas muy, muy enfadados pensando en no volver a hablarle Pedrito por haberse burlado de ellos.

Al otro día, Pedro estaba de nuevo con las ovejas, y seguía muy entretenido riéndose de la broma. Fue entonces que un lobo grande que vagaba por ahí, se acercó sigiloso. Miro la situación y vio todas esas ovejas tan ricas. Entonces, comenzó a comerse las ovejas.

Pedro sorprendido se puso pálido, y empezó a gritar:

“¡Ayuda! ¡El lobo!, ¡El lobo! ¡Socorro! ¡El lobo se está comiendo mis ovejas!, ¡ Ayúdenme, Ayuda, ayudenme!.

Esta vez, los vecinos oyeron los gritos de Pedro, pero ninguno fue a ayudarle. Ya estaban cansados de tanto chistes y mentiras. ¡Seguro que era otra broma más! ¡No iban a caer una vez más en sus chistes!

Fue así que el lobo se fue comiendo a las ovejas, y cuando no tenía más hambre se las llevó para comer más tarde.

Desde entonces, Pedro no tuvo ganas de volver a hacer bromas pesadas. Y fue así que el pastor se arrepintió y comprendió porque no hay burlarse ni mentir a la gente.

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