Familia

Juegos y juguetes: Para aprender y crecer jugando

La estimulación durante los primeros seis años de vida resulta fundamental para el desarrollo y la preparación del futuro de los niños. El juego permite a los más pequeños de la casa expresar sus emociones, nombrar sentimientos, y dar los primeros pasitos en la interacción con otro ser humano y su ambiente. Todo juego, si observamos con atención, se repite y repite hasta que es dominado a la perfección. En otras palabras, hasta haber aprendido a predecir y controlar el entorno que lo rodea.

Es, por ésta razón, que entendemos a los juguetes como una herramienta facilitadora y potenciadora de aprendizajes y crecimiento en bebés y niños.

¿Cómo elegir un buen juguete?

A un juguete pensado por y para cada etapa evolutiva favorece el descubrimiento y la diversión. Además, de ejercitar diferentes habilidades e inteligencias múltiples en quienes los juegan. La curiosidad y la exploración en un pequeño es un indicador positivo de disfrute y confianza. Es decir, establecer un entorno seguro y adaptarlo para ellos es enriquecer su mundo y respetarlos como seres humanos.

A la hora de buscar un juguete para ellos es importante tener presente:

  1. La calidad y seguridad del artículo: la primera, por el uso satisfactorio y correcto del juguete; y la segunda y más importante, por la seguridad del niño. Para garantizar estos estándares, los productos tienen certificaciones y códigos en el embalaje. Como ser: advertencias, indicaciones del uso, edad mínima recomendada, y sellos de los entes reguladores correspondientes, entre otras. Además, es necesario leer la letra pequeña de los materiales utilizados en el mismo (por ejemplo: libre de polímeros, plomo, tinturas atóxicas, etcétera).
  2. La edad y/o etapa evolutiva sugerida en el packaging: si bien incluye al punto anterior, uno de los peligros que más se lamentan es la facilidad con la que se rompen las partes del juguete. Y, el riesgo potencial del tamaño de una pieza, varía según la edad del infante.
  3. El valor formativo y lúdico que el fabricante nos ofrece: si bien la herramienta-juguete favorece el juego en el niño, importan los valores que los adultos promuevan del mismo. Los niños son agudos observadores del entorno y representaran los actos cotidianos que ven suceder. Una ilustración obvia de esta diferencia sería: el juego con soldaditos de guerra que con ositos de peluche, armas con luces que un juego didáctico de memoria.

Sin importar la edad que se tenga, el acto de jugar es sinónimo de bienestar psicológico. Facilitar un espacio para el juego en la casa, es el preludio de horas de risas, y momentos para disfrutar y atesorar en familia. Pues éste vínculo, que se va construyendo con el tiempo, será un gran tesoro para su vida.

¡Jugar con los hijos es invertir en su futuro y en su salud!

Esta nota es gentileza de la Licenciada en Psicología Tamara D. Jugo