Familia

Ser mujer hoy: ¿maternidad o independencia?

¿Ser madre y formar una familia o ser una mujer independiente? El gran dilema: ¿Qué clase de mujer soy? En los últimos años, lo que se espera de la mujer se ha vuelto una locura social, competimos con los hombres por la independencia y el éxito en el trabajo pero a la vez cargamos con nuestra obligación de ser la mejor madre. Y soñamos con una vida de película, una casa perfecta, un trabajo exitoso, un marido ideal, y un hijo hermoso pero luego aparece la realidad y nos frustramos.

En la actualidad, el mundo ha cambiado y nuestra manera de atravesar las crisis vitales, el embarazo y el nacimiento de un hijo constituyen una de los mayores cambios por las que atraviesa la mujer. Por crisis, nos referimos a esos grandes cambios, a esos momentos de reacomodamiento de roles, de identidad, de re significación de prioridades, de sentimientos nuevos y de responsabilidades compartidas.

¿Qué clase de mujer eres?

En estas situaciones lo primero que perdemos es nuestra capacidad de pensarnos a nosotras mismas, porque nos centramos demasiado en lo que pasa “fuera” de nosotros. Solemos desviarnos de la meta y no podemos trazar el camino para llegar a ella.

Existen muchos ejemplos en la vida cotidiana en los cuales se percibe el desplazamiento de la atención hacia cuestiones menos “centrales” que la llegada del nuevo integrante de la familia. Pensemos solamente en las ocasiones en las cuales hemos oído a padres excesivamente preocupados por la habitación del bebé o por el regalo perfecto. O por el contrario: padres que se mudan a una nueva vivienda una semana antes de la fecha probable de parto o que toman un viaje semanas después de haber tenido un hijo.

Ambos ejemplos nos muestran lo distraídos que podemos llegar a estar en trámites que hacen que nos olvidemos de vivir el proceso del embarazo. Esto constituye lo que anteriormente hemos llamado un “desvío del camino” hacia la comprensión del rol de padres.

Ser madre ayer versus ser madre hoy

Es la vida moderna lo que contribuye a este alejamiento de los verdaderos valores de la maternidad y la paternidad. Pensemos en la edad a la que esta etapa de la vida se concreta formar una familia Recordemos que hace 40 o 50 años las mujeres comenzaban su maternidad a edades más tempranas, generalmente a los 16 ó 17 años. La mujer no tenía esa confusión entre ser madre y ser independiente. Eras mujer tenías que ser madre, tener hijos y cuidar de la casa. No había otra opción.

Hoy ser madre y ser independiente es la regla, ambos son conceptos impuestos por la sociedad contemporánea. Parecen ser opuestos y generan gran confusión: ser independiente o tener una familia, ser exitosa o tener hijos, resignar mi carrera laboral o resignarme a formar una familia.

En aquel momento, si las cosas no funcionaban, las mujeres se repetían “no seré feliz pero al menos tengo marido”, y las mujeres se contentaban con que “al menos” estaban en su casa, tenían tiempo y podían dedicarse a tener más hijos. En estos últimos años se ha dado un gran cambio, hoy la tendencia es una maternidad más tardía, cercana a los 30 años de edad, y a pesar de los avances tecnológicos la mujer cuenta con menos oportunidades para realizarse como madre o incluso de formar una pareja.

Esto no se debe exclusivamente a la influencia del aspecto biológico sino también a la falta de tiempo que generan las obligaciones laborales, la vida social, el desencuentro, la dificultad de encontrar pareja, y la búsqueda de la perfección de película, entre otras cosas. La mujer que antes se quedaba cien por cien de su tiempo en casa y no trabajaba fuera de ella fue reemplazada por una nueva generación que maneja incontables variables simultáneamente. Y se encuentra que para ser mujer debe cumplir dos roles opuestos.

Y cuando la maternidad llega, a esta mujer se le hace difícil encontrar un momento para leer sobre el tema, hacer un curso, dedicarse tiempo a ella misma y al momento que vive. En otras palabras, a la mujer se le hace difícil encontrar un momento para ser mujer, para ser madre y para cuidar de sus hijos.

De la misma manera, también se ha modificado el rol del hombre y sus necesidades frente a la paternidad. El hombre de hoy es más participativo, quiere ser incluido, pero tampoco tiene mucho tiempo, por lo que necesita hacer muy productivos los escasos momentos de los que dispone. Antes, su rol era simplemente proveer por lo que se perdía de todo un mundo y una experiencia única.

La maternidad es encontrarte a ti misma

El embarazo y la llegada de un hijo constituyen uno de los cambios más importantes en la vida de las parejas. Y cambio no significa algo negativo, a pesar de que su magnitud muchas veces “nuble” nuestra capacidad de pensarnos tan claramente como cuando éramos sólo dos personas con un proyecto compartido. Si logramos no perder esta capacidad y reflexionamos acerca de lo que nos pasa, alcanzaremos una maternidad y paternidad plenas, con conciencia y responsabilidad. Evitemos la búsqueda de la maternidad perfecta, centrada en el afuera: La pareja perfecta, la casa perfecta, la habitación perfecta, el hijo perfecto. En cambio busquemos una maternidad positiva donde vivimos la experiencia completa de tener un hijo y formar una familia.

A lo largo del camino iremos encontrando las maneras de desarrollar los roles de madre y padre que están dentro de nuestras posibilidades. Porque de lo que se trata en definitiva es de que cada mujer y cada hombre pueda encontrar su propio modelo de madre y de padre, no el que le impone la sociedad, los amigos o la familia.

Al final solo se trata de conciliar el ser madre, con el ser independiente, y poder disfrutar de nuestros hijos así como de nuestra propia vida sin sacrificar nada, sino, simplemente eligiendo.
De ahí, la importancia de vivir el embarazo con conciencia y recurriendo al potencial de cada uno, sin las exigencias de los demás Se trata de encontrar un espacio donde los futuros padres puedan preguntarse qué quieren, qué hay en las experiencias que comenzarán a vivir, y fundamentalmente, sentir que pueden, a partir de este hecho trascendental en sus vidas.